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lunes, 28 de junio de 2021

La «izquierda» retrógrada y la «izquierda» posmoderna frente al colectivo LGTB; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Documento publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2021]

«En lenguaje político, el término «izquierda» y «derecha» se utilizaban respectivamente para mostrar una posición más progresista o conservadora respecto a una ideología o postura concreta. Dentro del marxismo el binomio «izquierda» o «derecha» también se ha utilizado, pero ha de saberse el qué se está a la izquierda o derecha y respecto a qué, por ejemplo, la socialdemocracia estaría más a la izquierda que el liberalismo, pero más a la derecha que el anarquismo. Esto no son sino conceptos del lenguaje, herramientas que nos ayudan a comprender mejor ciertas realidades. Así, cuando desde el marxismo, por ejemplo, se habla de desviación de «izquierda» o de «derecha», normalmente se refiere a algo que se escora fuera del marxismo y su eje central. Generalmente, cuando se habla de «desviaciones derechistas» nos referimos a concesiones ideológicas hacia el enemigo, a su adaptación, a pecar de una relajación de la disciplina individual o de grupo. Por contra, cuando hablamos de «desviaciones izquierdistas» solemos referirnos a maximalismos de o todo o nada, a cuando se intentar encajar mecánicamente una situación del pasado con una actual que no tienen nada que ver, a no saber calibrar nuestras fuerzas y las del contrario. Es cierto que la primera se suele identificar con el reformismo y el posibilismo político, mientras la segunda casa mejor con el anarquismo y el aventurerismo. Huelga decir que quien conozca al anarquismo sabrá lo poco disciplinado que es, así como cualquier que sepa cómo se las gastan en las filas reformistas conocerá que el exceso de optimismo bien puede ser una de sus señas perfectamente. Conclusión: ningún movimiento político es plenamente de «izquierda» o «derecha» en lo ideológico; ningún grupo pseudomarxista sufre solo de desviaciones «izquierdistas» o «derechistas», aunque, como en todo, se tiende más hacia uno u otro. 

Al marxismo, como ideología abanderada de los movimientos obreros del siglo XIX se la englobó rápidamente con los movimientos políticos de izquierda. Nosotros no traficamos ni especulamos por lo que ha de considerarse «izquierda» en nuestra época. Si identificamos el término «izquierda», como también se ha venido haciendo históricamente, como sinónimo de progreso, y a este, como superación de la sociedad actual, hay que ser concisos en el análisis para no dar lugar a equívocos, puesto que no podemos caer en el juego de otras corrientes antimarxistas conocidas por su cariz conciliador. Para los nuestros, la única «izquierda» verdadera, la única «izquierda» revolucionaria, que está con la clase obrera y el resto de las capas trabajadoras y útiles de la sociedad, la única corriente que además representa sus intereses de forma real –científica–, y honesta –sin ocultar sus errores–, es el marxismo, socialismo científico o como guste, el nombre es lo de menos. Y este tiene un nudo troncal muy definido que no puede ser disimulado. La cuestión es, pues, aprender a distinguir su esencia de su interesada adulteración. 

Es esta doctrina y no otra la única capaz de presentar una alternativa real y seria. Dado que no puede haber dos verdades, el ser humano que quiera emanciparse a sí mismo y a los suyos del sistema capitalista no podrá adoptar dos ideologías para tal fin
». (Equipo de Bitácora (M-L); Fundamentos y propósitos, 2020)

Siendo consecuentes, si ligamos el término izquierda a lo revolucionario, al progreso, y esto es el marxismo, ninguna «izquierda» que contenga en su seno pensamientos retrógrados y posmodernos puede ser una verdadera izquierda. Pero antes de continuar deberíamos aclarar algo que se olvida con demasiada facilidad. 

martes, 19 de enero de 2021

¡Los oportunistas al rescate del «gobierno del cambio»!; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Como pudimos comprobar en entregas anteriores [*], en el tema educativo tampoco debemos engañarnos. El creciente desprestigio de la educación pública –desde la educación infantil hasta las universidades– se ha hecho patente estos últimos años y demuestra que deja mucho que desear por varios motivos, pues no todo depende de la mala gestión y la falta de financiación, sino que los problemas son mucho más profundos. 

Pero, para la «izquierda light» señalar la verdadera raíz de estos defectos en la educación, sobre todo cuando gobierna el PSOE-Podemos –como ocurre ahora–, es motivo automático de condena, significa «hacerle el juego a la derecha», ya que, para algunos, pareciese que no contemplasen la existencia real de problemas serios de funcionamiento. Otros, sabedores de que es necio intentar tapar estas deficiencias, tratan de convencernos que estos fallos de la institución educativa transcurren por cauces ajenos a cómo está estructurada la propia educación pública burguesa. Resultaría que nosotros estaríamos equivocados en los motivos, puesto que «¡la culpa es del anterior gobierno de la derecha!» o en su defecto, «¡del saboteo que se ejerce contra el gobierno progresista!». A los que se creen esta pantomima deberíamos preguntarles: ¿y vuestros grandes líderes no sabían qué país iban a heredar al llegar al poder? ¿Qué medidas contundentes han tomado en consecuencia? 

Sería inútil debatir todo esto con los jefecillos del reformismo. Simplemente cada uno cumple su función. Por eso, podemos encontrar casos de organizaciones que con su populismo característico defienden con ahínco, por ejemplo, la «actual programación escolar», razonando que esto debe ser así porque debemos confiar en el «criterio y profesionalidad de los actuales docentes». Así, pues:

«Las actividades complementarias están incluidas en la programación que los centros, previa consulta de los consejos escolares, se aprueban y estas son obligatorias y evaluables. Y contra ellas no existe objeción de conciencia. Confiamos en el criterio y la profesionalidad de los docentes y consideramos inadmisible que se les censure en su ejercicio docente». (Manifiesto por la eliminación del pin parental en la región de Murcia; Firman 103 colectivos, 17 de enero de 2019)

¿Sí? ¿Seguro? ¿También confiáis en el Ministerio de Educación y los consejos escolares manipulados por los burócratas y aburguesados de siempre? ¿En las reputadas «instituciones universitarias» y «revistas especializadas» que aceptan tesis posmodernas sobre la verdad y el conocimiento científico? ¿De verdad os resultan fiables los ahora tan de moda «estudios de género»? ¿Depositáis vuestra confianza en los profesores que se valen de su puesto para vender sus libros a sus alumnos a precios de escándalo? ¿En las universidades que estafan a las familias con cursos de mística idealista para «niños telépatas» como hace la UNED? Esto muestra que quienes firman este documento no son muy honestos ni imparciales. Son tan cortos de miras que creen apoyar un modelo progresista por defender la educación pública en abstracto, incluso a costa de ocultar sus evidentes limitaciones y fallos.

Estos manifiestos para «la defensa y mejora de la educación» vienen a ser impulsados por los mismos charlatanes «revolucionarios» que, en los años 80, tragaban sin masticar todas las enseñanzas de filosofía e historia que recibían de las universidades. Fueron aquellos que buscaron hacer «entrismo» en el PSOE «para presionarle a cumplir los anhelos populares». Poco después, parece ser que les pilló de sorpresa darse cuenta de que no tenían capacidad real de cambiar nada, y que el gobierno de Felipe González no solo no cumplió su programa electoral –ya de por sí insuficiente para atender las necesidades de la población–, sino que atacó las pensiones, la educación y la sanidad. España asistió a uno de los periodos de huelgas, protestas y mayor conflictividad social. Pese a la ofensiva «neoliberal» del PSOE en los años 80, los ilusos de siempre volvieron a depositar sus esperanzas en el «progresista y renovador» Zapatero, aunque tras la crisis de 2008 volvieron a quedar retratados. ¿A la tercera va la vencida? En 2014 algunos de los elementos descontentos con el PSOE y otros nuevos se subieron al carro del «fenómeno morado» para apoyar a Pablo Iglesias con Podemos. Este venía con un programa muy similar al de Felipe González. ¿Y bien? Una vez más los reformistas se dieron de bruces contra la realidad. 

Pese a lo que dice la historia, la labor de los partidos «constitucionales» de todo signo político es convencernos de que su objetivo es impulsar una educación pública, laica, universal, de calidad y científica… ¡bueno y ahora también feminista!

«El cabeza de lista de Podemos al Congreso de los Diputados por la provincia de Ciudad Real, Juan Pablo Wert, ha avanzado que si llega a la Cámara Baja trabajará desde el Grupo Parlamentario de la formación morada por una reforma educativa «que no se haga de espaldas a la comunidad», ya que «es algo demasiado serio como para dejarlo solo en manos de los políticos», y apostará por que traiga una educación «laica, gratuita y de calidad». (Periódico CLM; «Apostaré desde Podemos por una educación laica, gratuita y de calidad», 10 de diciembre de 2015)

Precioso. Nuestra pregunta es, ¿es una propuesta de verdad o será como «no cogobernar con el partido de la casta y la cal viva», la «salida de la OTAN», «eliminar la carta magna monárquica del régimen del 78», «juzgar los crímenes del franquismo», la «derogación de la reforma laboral», «investigar los fraudes y negocios turbios del rey», «garantizar el pleno empleo», «apoyar el derecho de autodeterminación», «parar los desahucios y reducir el precio de los alquileres», o introducir el «impuesto a los ricos»? Parece ser que a Podemos ni en el gobierno nacional ni en sus «ayuntamientos del cambio» les ha ido muy bien –razón por la que los ha ido perdiendo con una sangría de votos y alcaldías cada vez mayor–. Véase la obra: «Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas» de 2017.

Señoras y señores... cuando te engañan una vez eres un crédulo, cuando lo hacen dos veces eres un colaborador consciente y formas parte de la pantomima.

jueves, 31 de diciembre de 2020

El feminismo gubernamental, la cuestión del pin parental y el clásico seguidismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«A los marxistas no les importa en absoluto las zarandajas del actual sistema legislativo burgués. Desconfían de sus bonitas declaraciones sobre la «defensa de los derechos humanos», la importancia de «educar en valores», etc. Todo radica en analizar los hechos claros, palpables. 

Es cómico el papel que algunos autodenominados «marxistas» están jugando, practicando el seguidismo clásico a la producción teórica de la pequeña burguesía radicalizada, más concretamente a la corriente del feminismo. 

El embelesamiento sobre el feminismo lleva hoy a la «izquierda» y los «revolucionarios» a que digan cosas tan sorprendentes como la que sigue a continuación:

«El 14 de enero se me impidió participar en un debate del PCPV sobre «Patriarcado», alegando que era exclusivamente para mujeres, cosa que se anunció a última hora. Por ello, expongo aquí las reflexiones que no pude exponer allí. (...) Propugnar un Feminismo «de clase» puede significar querer trazar una línea divisoria dentro del movimiento feminista que no ayudaría a su expansión. Pero lo más grave es que puede significar también pretender trazar una línea divisoria dentro de la clase trabajadora. Y es importante combatir cualquier intento de dividir a la clase trabajadora, sea por criterios nacionales, generacionales, de lugar de nacimiento o de género». (Rafael Pla López; ¿Feminismo de «clase» o «de la clase»? 2018)

Este «aliado» del feminismo que confiesa ser ninguneado por sus «compañeras» en los «espacios no mixtos», agradece tal trato mezclando feminismo con marxismo –eso sí, bajo el disfraz de que es un «feminismo de clase»–, pero además disuelve al proletariado entre las clases sociales en general llamándola a todas ellas como «clases trabajadoras». Para finalizar este despropósito, propone que el marxismo adopte este «feminismo de clase» pero que a su vez no se sea sectario y no exija que plante su propia visión y reivindicaciones sobre los problemas que aquejan a la «mujer trabajadora», porque eso puede «reducir su base social». En resumen: ¡«Que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento»! ¿Se imaginan lo que podría salir de juntar esta novedosa «visión plural» e «interclasista» sobre la problemática ecológica o de género? Bueno, qué decir, ahí tenemos en Europa años de actividad de Los Verdes, Syriza o Unidas Podemos y las decepciones que causan su politiqueo. 

Trasladado esto al reciente debate sobre el pin parental en la educación –en torno a si la educación era cuestión del gobierno o de los padres–, este tipo de agrupaciones no dudaban, por supuesto, en defender a capa y espada al gobierno feminista. ¡Faltaría más!

«¿Cuál es el contenido real que se pretende censurar a través del modelo de control parental? Y este no es otro que una educación que nos ayuda a ser más libres y que nos impulsa a la igualdad en lo referente al feminismo y los derechos LGTBI. (...) Limitar el desarrollo del discurso igualitario que hay dentro del movimiento feminista». (República en Marcha; ¿Por qué la censura parental es contraria a los intereses de la clase obrera?, 2020)

Dejando de lado las cuestiones legales vigentes, los marxistas se oponen tajantemente a que el feminismo –o cualquier otra ideología anticientífica– tenga mano para introducir su ideología tanto en las actividades oficiales del centro como en las complementarias, tanto en educación sexual-afectiva como en lo tocante a la historia de la mujer. No hay más vuelta de hoja.

Hay que dejar claro que el feminismo no puede conjugarse con el marxismo, porque el segundo busca la abolición de clases mientras que el primero siempre ha sido un movimiento burgués –como denunciaban las propias marxistas–, uno que hoy cuenta con miles de ramificaciones y tendencias ideológicas, a cada cual más excéntrica y rimbombante. Véase el capítulo: «Comunistas» subiéndose al carro de moda: el feminismo» de 2020.

Incluso el vago concepto de «socialismo» que puedan tener las agrupaciones feministas o, en su defecto, las organizaciones influenciadas por el mismo, no dejará de ser un socialismo antagónico al marxista, exactamente como ocurre con los grupos revisionistas. 

«Las feministas declaran estar del lado de la reforma social, y algunas de ellas incluso dicen estar a favor del socialismo –en un futuro lejano, por supuesto– pero no tienen la intención de luchar entre las filas de la clase obrera para conseguir estos objetivos. Las mejores de ellas creen, con ingenua sinceridad, que una vez que los asientos de los diputados estén a su alcance serán capaces de curar las llagas sociales que se han formado, en su opinión, debido a que los hombres, con su egoísmo inherente, han sido los dueños de la situación. A pesar de las buenas intenciones de grupos individuales de feministas hacia el proletariado, siempre que se ha planteado la cuestión de la lucha de clases han dejado el campo de batalla con temor. Reconocen que no quieren interferir en causas ajenas, y prefieren retirarse a su liberalismo burgués que les es tan cómodamente familiar». (Aleksandra Kolontái; Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, 1907)

Entender esto no significa que se deba refutar al feminismo en base al mero insulto ni tampoco con un lenguaje rebuscado que nada puede aclarar. Hay que aceptar el nivel ideológico generalizado y en consecuencia hablar de forma que la gente pueda entender el abismo que separa al feminismo del marxismo.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

El cruce de argumentos legislativos y morales entre derecha e izquierda sobre la educación y su rol; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Una de esas hipocresías burguesas es la creencia de que la escuela puede mantenerse al margen de la política. Ustedes saben muy bien qué falso es esto. La burguesía misma, que defendía ese principio, hizo que su propia política burguesa fuera la piedra angular del sistema educacional y trató de reducir la enseñanza a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de reducir incluso toda la educación, de arriba abajo, a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de esclavos e instrumentos del capital. Jamás pensó en hacer de la escuela un medio para desarrollar la personalidad humana. Hoy resulta claro para todos que todo esto sólo pueden realizarlo las escuelas socialistas, que tienen vínculos indisolubles con todos los trabajadores y explotados y apoyan de todo corazón la política soviética». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso en el IIº Congreso de toda Rusia de maestros internacionalistas, 1919)

¿Tiene la educación una carga ideológica? La pregunta es hasta un atentado a la inteligencia. 

Ya en el siglo XIX, el jesuita Ramón Ruiz reconocía que la educación era la formación de cada nueva generación en unos valores determinados, instrucción con clara vocación doctrinal:
 
«Bajo el nombre de educación entendemos aquí, la formación consciente de las nuevas generaciones, conforme a la cultura y al ideal de cada pueblo y época. Esa formación puede tener por objeto las facultades intelectuales y los conocimientos con que se enriquecen; o bien, las virtudes o hábitos morales que constituyen el carácter. En el primer caso tenemos la educación intelectual; en el segundo, la educación moral, de la que forma parte principalísima la educación religiosa, como quiera que las más excelentes virtudes son las que se refieren a Dios, o a los demás hombres por respeto de Dios». (Esteban Mira Caballos; De la Formación del espíritu nacional a la Educación para la ciudadanía: Un estudio comparado, 2017)

El liberal-krausista Giner de los Ríos fue un claro opositor de los métodos de estudio anticuados de la Iglesia que condenaba al alumnado:

«Por necesidad constreñida a oír pasivamente una lección, o alternar en un interrogatorio de memoria». (Francisco Giner de los Ríos; Discurso en la Institución de Enseñanza Libre, 1881)

Eso no le impedía reconocer también que no podía darse una formación meramente técnica:

«La Institución no pretende limitarse a instruir, sino cooperar a que se formen hombres útiles al servicio de la Humanidad y de la patria. Para esto, no desdeña una sola ocasión de intimar con sus alumnos». (Francisco Giner de los Ríos; Discurso en la Institución de Enseñanza Libre, 1881)

Por tanto, nadie salvo un iluso o un demagogo declarará que la educación se da o se puede dar sin cargas morales-ideológicas, ya que consciente o inconscientemente ella siempre ha estado y siempre estará presente en el ámbito educativo. La cuestión no es, pues, debatir si eso existe, sino de qué tipo se desea implementar. El resto es palabrería.

Poco antes de la pandemia del COVID-19, hubo mucho ruido con la cuestión del «pin parental» en la educación, y este debate saltó a la palestra una vez más. Medios de comunicación se preguntaban: «¿Es la educación actual independiente del sesgo doctrinal? ¿Puede serlo con un gobierno diferente?». Nosotros podríamos continuar con este apartado exponiendo con todo lujo de detalles el cruce de argumentos jurídicos de uno y otro bando burgués sobre la polémica producida durante los meses anteriores, pero sería una pérdida de tiempo para arrojar luz sobre la cuestión educativa. Por lo tanto, en este apartado abarcaremos esta cuestión de forma somera, incidiendo únicamente en lo necesario para revelar el cinismo de los políticos burgueses. Y es que hoy, la derecha burguesa asume sin complejos las posiciones educativas de la vieja «izquierda» burguesa de los años 70, mientras la nueva «izquierda» se acoge a la defensa de los principios de la vieja derecha.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Sobre la teoría feminista de la paridad; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Vale decir que la teoría de la «paridad», abanderada por diversas ramas del feminismo, promueve un equilibrio obligado en el número de hombres y mujeres en temas como puestos de poder, lo cual supone una «discriminación positiva» bajo la excusa de que así es como se resolverá la desigualdad entre el hombre y la mujer en la participación en la política, la incorporación al tejido productivo o el acceso a la cultura. Pero las leyes de paridad solo son una muestra de caridad de la burguesía hacia la mujer que quedan muy bien de cara a la galería, igual que ocurre cuando la burguesía agita la bandera y el espíritu de la beneficencia hacia los pobres, pero no resuelve nada, pues es un parche, una solución superficial que deja intacto el problema que origina la desigualdad de la mujer en ciertas ocasiones.

Colocar sin más a una mujer en un cargo por el mero hecho de ser mujer es un acto que puede suponer que dicho elemento finalmente desempeñe de forma correcta y hasta notablemente su función en el cargo, pero ello no borrará el hecho de que en el momento de su selección se puso por delante su sexo en detrimento de su habilidad. Por otro lado, en esta situación también puede darse el caso de que se ponga en un aprieto a un sujeto femenino no cualificado, abriendo la posibilidad a un mal desempeño, que será producido no porque la mujer sea una inútil, sino porque simplemente no estaba preparada, porque en este caso el motivo sexual fue el requisito principal para su selección, siendo su formación requerida un aspecto de segundo orden. Esto supone, además, denegar el acceso a otra persona más cualificada solo por el hecho de tener otro sexo, discriminación que aleja a los sistemas democrático-burgueses de la tan cacareada «meritocracia» que dicen que es signo de «salud democrática». Lo mismo cabe decir sobre el delegar puestos en favor de una «visibilización del movimiento LGTB» o en favor de la «racialización» de los puestos administrativos o políticos, cuestiones tan de moda hoy.

martes, 8 de septiembre de 2020

La teoría del «precariado» y el «rol revolucionario» del «lumpen» según Podemos...


«Entre las teorías socio-económicas que se manejan en Podemos, está la famosa teoría del «precariado», la cual trata de negar en nuestra época la existencia del proletariado como clase social, con las evidentes consecuencias político-ideológicas que se derivarían de dicho hecho tan transcendental. Esto no es casual.

Unos han intentado negar la existencia del proletariado como clase:

«Si los revisionistas e ideólogos modernos de la burguesía cambian el nombre del proletariado, no es sin un propósito determinado. No se trata aquí de una cuestión de mera denominación, sino de la negación de la imperiosa necesidad de derrocar las relaciones sociales mediante la revolución, mediante la violencia. Los revisionistas son conscientes de que si hablamos del proletariado, cuando este último, bajo el capitalismo, solo posee la fuerza de sus brazos, lógicamente se deduciría que debe luchar contra sus explotadores y sus opresores, que debe romper sus cadenas. Es precisamente esta lucha, dirigida a la destrucción completa del antiguo poder del capital, lo que aterroriza a la burguesía. Al negar la existencia del proletariado como la principal fuerza revolucionaria de la sociedad y el sepulturero del capitalismo, los revisionistas también quieren allanar el camino para otras tesis antimarxistas. Mientras no haya proletariado tampoco puede haber dictadura del proletariado. Sobre este problema clave de la teoría del socialismo científico, de hecho, todos en el campo revisionista están alineados en las mismas posiciones». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

miércoles, 8 de julio de 2020

¿Existe una «vía masculina» revolucionaria, y una «vía femenina» reformista de hacer política como asegura Pablo Iglesias?


[Post publicado originalmente en 2017]

«@MonederoJC: Llevamos mucho tiempo recordando que necesitamos una matria. La patria –de «patrimonio», los bienes vinculados al pater familias– reclama la virilidad del patriarcado. La patria te lleva a la guerra, te hace desfilar. La matria te cuida y responsabiliza. @Yolanda_Diaz_acierta». (Twitter; Juan Carlos Monedero, 17 jul. 2021)

Aprovechando la ola del feminismo, esta «nueva izquierda» afirma ser partidaria de una «noción femenina de las cosas», tanto para las más cotidianas como las más importantes, bien sea para necesidades materiales como para las de mayor índole espiritual. Una de las ideas más estúpidas que ha calado hondamente entre las filas de Podemos –hasta convertirla en un dogma visible– ha sido el aceptar una teoría social repleta de misticismo sobre el papel benévolo que casi siempre habría jugado la mujer en la historia, y no solo eso, sino que también habrían descubierto, en su profundo saber histórico, la «especial sensibilidad» para conocer y sentir (sic) de la mujer. Según aseveran, desligados de las «antiguas creencias y ataduras», esta es la «nueva óptica moderna» desde la cual debemos observar todo si queremos transformar el mundo y a nosotros mismos. De esa forma, pareciera que la mujer en abstracto, como ser inmaculado, tuviera un «sexto sentido» para abordar las cosas de la vida, uno el cual quién sabe por qué razón el varón no logró desarrollar nunca, siendo este último casi que un lamentable error en las postrimerías de la «Biblia del Feminismo». Entre tanto, este «movimiento transversal» hace mucho que izó velas y ha surcado los mares rebosando sapiencia por doquier. De su largo trayecto aseguran haber logrado traernos como «botín» las mejores virtudes desarrolladas por el ser humano a lo largo de su dilatado periplo por La Tierra, y creen, ¡faltaría más!, que esto ha sido gracias al ingenio y bondad de la mujer, por lo que se han esforzado por esquivar en todo momento el mal encarado oleaje de la «ciencia patriarcal», etiqueta que ponen a cualquier movimiento, teoría o personaje que contradiga sus filias ideológicas y sus figuras fetiche. Esta, en resumidas cuentas, es su visión del mundo, aunque el lector podrá encontrar más información en otros lugares de nuestro medio. Véase el capítulo: «¿Vivimos en un patriarcado?» de 2021.

domingo, 7 de junio de 2020

El vergonzoso papel del reformismo en la cuestión nacional; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Tampoco haría falta detallar mucho cual ha sido el papel jugado por las otras organizaciones reformistas en los últimos años, pero citaremos algunos casos paradigmáticos:

«El PCE vuelve a plantear que un problema político qué lleva años enquistado no puede tener otra salida que el acuerdo negociado, consensuado y refrendado por el pueblo catalán. Por ello, la actual situación de confrontación sin perspectiva de solución tiene que terminar de manera que se respete el derecho de manifestación pacífica y de expresión de una parte considerable del pueblo de Cataluña y desaparezcan las actuaciones desestabilizadoras, a la vez que debe imponerse una respuesta política democrática que abra la puerta al diálogo y a la negociación. Nada de ello será posible si no vuelve la normalidad a las calles y plazas de las ciudades catalanas, evitando que la actual anormalidad pueda beneficiar claramente a las opciones políticas de la derecha en toda España en las próximas elecciones generales». (Partido Comunista de España; Comunicado, 20 de octubre de 2019)

Ángeles Maestre, pese a ser militante de una pequeña organización ecléctica, resume perfectamente el papel jugado por IU/PCE en su artículo publicado en «El Público»:

«Están contando con el impagable, o no, apoyo de Alberto Garzón, coordinador de IU y Paco Frutos, ex secretario general del PCE, reeditando el papel de apagafuegos desempeñado por ambas organizaciones desde la Transición ante situaciones que dificultaran el control por parte de las clases dominantes. Esa función fue perfectamente identificada, ni más ni menos que por un editorial de ABC que reflexionaba sobre los peligros de desaparición de IU tras su fracaso electoral en 2004. Reconocía perfectamente este diario sus intereses de clase y decía así: «El paisaje democrático español ofrece históricamente un espacio claro a la izquierda del PSOE, donde debe asentarse una formación que refuerce la centralidad política de la socialdemocracia y al tiempo sirva como dique de contención para las tentaciones antisistema. IU ha ejercido, desde su refundación a partir del viejo PCE, como factor de estabilidad que ha cargado a sus espaldas con los distintos impulsos de izquierda alternativa que se han ido configurando tras la crisis del marxismo tradicional, evitando que se produzcan tentaciones escapistas y rupturistas al margen de los cauces de la democracia. (ABC; IU bajo mínimos, 17 de marzo de 2004). La obsesión de las clases dominantes, desde Franco hasta ahora, es tratar de evitar que la clase obrera vuelva a descubrir la íntima vinculación en el Estado de español entre la lucha contra la explotación y la de los pueblos por sus derechos nacionales. (...) Las declaraciones de Cayo Lara, ex coordinador general de IU negando el derecho del pueblo catalán a decidir su futuro «unilateralmente porque forma parte del Estado y el resto de españoles también tienen que opinar» son de una indigencia política que provoca vergüenza ajena. (...) El alineamiento de Alberto Garzón con el nunca nombrado nacionalismo español ha llegado a cotas muy altas, como cuando calificaba de «provocación» –¿a quién?– la declaración de independencia o como cuando, desde posiciones comunistas (?), descalificaba el referéndum por «ilegal» o la DUI por «carecer de valor jurídico». Es tan evidente que esas declaraciones podrían haber salido del PP o del PSOE y al tiempo el llamamiento al respeto al orden establecido es tan incompatible con posiciones mínimamente revolucionarias que ni siquiera me detengo a comentarlas. (...) Ante una reivindicación estrictamente democrática como ésta, que la hegemonice o no la burguesía no es argumento para que las organizaciones de la clase obrera no la respalden». (Ángeles Maestro; Los comunistas ante el agujero negro del nacionalismo español, 15 de noviembre de 2017)

Este tipo de cosas no nos sorprenden ni son nuevas, ya que Paco Frutos, el ex líder del PCE durante 1998-2009, mantuvo esta línea. Ahora este señor se dedica a escribir los prólogos de las obras de los principales adalides del chovinismo español como Santiago Armesilla, otro viejo militante del PCE. Ahora ambos imparten conferencias sobre cuestión nacional donde rezuman chovinismo a raudales. Son aquellos elementos que aplaudieron la intervención de los cuerpos de seguridad durante el 1 de octubre de 2017. Véase el capítulo: «El viejo socialchovinismo: la Escuela de Gustavo Bueno».

Son de ese tipo de elementos que prefieren «Una España unida y reaccionaria», que una «España roja y rota», dejando claro que prima en ellos su nacionalismo por encima de todo. ¡Pero luego piden respeto y no quieren ser confundidos con la derecha y niegan ser la versión española de los «nacional-bolcheviques»!

sábado, 16 de mayo de 2020

Lo que algunos olvidan de Julio Anguita...

Pablo Iglesias y Julio Anguita, alumno y mentor

«Ya hemos hablado del origen de Podemos en su núcleo, pero habría que hablar de la periferia al núcleo fundador. ¿Pero por quienes han estado apadrinados estos líderes?

No cabe duda que Podemos ha venido a ser también la nueva apuesta del revisionismo que estaba en el ostracismo por voluntad o por obligación, ha sido una oportunidad no solo para el trotskismo marginal, sino también para personajes defenestrados.

Este es el caso de Julio Anguita, ex Secretario General del Partido Comunista de España (PCE) y líder de Izquierda Unida (IU) hasta 1998. ¿Y quién era este señor? 

Una parte del revisionismo reivindica eufórica la figura de Anguita como «aquel que restauró el leninismo» y «devolvió la gloria perdida al PCE». Algunos incluso citan como prueba la fusión en 1989 con parte del ala brezhnevista que anteriormente se había escindido del PCE con Ignacio Gallego a la cabeza formando el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Pero esto no pasó de ser uniones y desuniones entre viejos dinosaurios del revisionismo, entre agrupaciones ya intrascendentes.

Aquí lo importante es comprende que Anguita jamás vio nada incompatible entre el carrillismo y el leninismo:


«Julio Anguita: Yo leí «Eurocomunismo y Estado» [De Carrillo, publicada en 1977] y entonces no noté allí nada que tuviese entidad propia. A mí el partido me había enseñado que el socialismo es libertad, que luchábamos por la democracia, de modo que «Eurocomunismo y Estado» no venía a contarme nada nuevo». (Juan Andrade Blanco; Atraco a la memoria: Recorrido histórico por la vida de Julio Anguita, 2015)

domingo, 19 de enero de 2020

¿Un gobierno PSOE-Podemos satisface los problemas de los trabajadores? ¿Es el socialdemocratismo un aliado fiable en la lucha contra el fascismo?


«a) ¿Cómo resumiríamos el pensamiento socialdemócrata?:

«En el plano interno:

(a) renunciaban tanto al leninismo como al marxismo oficialmente, declarando a ambos como obsoletos e inservibles, optaban por el socialdemocratismo reformista concretizado de los últimos años; (b) fijaban como base central de su pensamiento la «armonía entre clases» en detrimento de la lucha de clases marxista-leninista; (c) negaban la necesidad de la revolución apostando por reformas; dicho de otro modo, renunciaban a la toma del poder a través de la revolución violenta en favor de la vía pacífica a través del parlamento burgués, negando que la violencia revolucionaria de las clases explotadas contra las clases explotadoras sea una evidencia histórica; (d) creían que el Estado no es la herramienta de una clase determinada para imponer su dictadura, sino que es una herramienta para «mitigar las contradicciones entre las clases sociales y armonizarlas», creían que no era necesario derribar y destruir el viejo aparato del Estado burgués para llegar al socialismo, sino que defendían que el aparto del Estado burgués y la democracia burguesa era la democracia de todas las clases sociales y podía dar el socialismo al proletariado aprovechando el sistema parlamentarista burgués, a diferencia del concepto marxista-leninista de que la democracia burguesa es expresión de la dictadura de una clase determinada, la burguesía, y que no existe pues democracia para todos, ni existen medios a través de sus instituciones para transitar al socialismo, debido a que mantiene su poder económico y tal estructura de Estado responde además a salvaguardarlo, por tanto es necesario derribarlo a través de la toma del poder político, crear el nuevo poder de las masas populares; los soviets, y acabar con el poder económico de las clases explotadoras, para que el proletariado ejerza su dictadura, su democracia de clase en alianza con las masas populares; e) pensaban que nacionalizando ciertas empresas, creando una «economía mixta», se podría crear una cierta planificación, «acabar con las crisis del capitalismo», e incluso llamar a tal sociedad «socialista», por otro lado los marxistas-leninistas veían en esto tan solo la creación del capitalismo de Estado –propiedad colectiva de los capitalistas– frente a la abierta propiedad privada –propiedad individualizada de uno o varios capitalistas– y un intento vano de reprimir fallidamente la acción de las leyes capitalistas que por otro lado no se eliminaban y seguían operando dentro de empresas nacionalizadas, no solucionando las crisis económicas; f) teorizaban que el arte, la educación, la música, la literatura, toda la cultura en general era neutral en la sociedad capitalista-burguesa, negando la explicación marxista de que la cultura como parte de la superestructura está determinada por la base económica del Estado que es burgués, en tanto no es ni puede ser neutral; g) rehabilitaron a la religión, y concebían la posibilidad de unir la ideología socialdemócrata y la ideología religiosa y de lograr una sociedad socialista plena sin eliminar la religión, contrariamente a los marxista-leninistas que educaban a sus cuadros en el ateísmo científico, y veían incompatible el marxismo-leninismo y su materialismo-dialéctico con el idealismo-metafísica de la religión, y ligaban la cultura de la sociedad socialista al triunfo del ateísmo sobre la religión en sus miembros; h) en sus partidos no exigían unidad ideológica y de acción, dejando vía libre al eclecticismo ideológica y a las fracciones, tampoco tenían especial interés en mantener una composición social sana, ello les diferenciaba de la línea monolítica, de férrea unidad ideológica del partido marxista-leninista, y de su preocupación por agrupar a los elementos más avanzados del proletariado y del resto de clases populares que mantuvieran una ideología proletaria.

Y en el plano exterior:

(a) Anteponían los intereses nacionales a costa de los intereses internacionalistas, es decir, abandonaron el internacionalismo proletario por el socialchovinismo; b) creían que en esta época del capitalismo era posible un mejor reparto de las riquezas entre países, a diferencia de los marxistas-leninistas que concluían que en la época imperialista del capitalismo, de la monopolización, lejos de ocurrir esto, hacia más voraz a los países capitalistas imperialistas en su carrera por conquistar nuevas tierras, nuevos mercados, etc.; c) creían que la cuestión nacional y colonial era algo secundario o incluso artificial, y apoyaban las teorías chovinistas e imperialistas y de opresión nacional, frente al marxismo, que reconocía este problema y buscaba darle solución». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

jueves, 21 de noviembre de 2019

El «pablismo» de Podemos, pese a su pose original, es heredero del «carrillismo» del PCE en su estrategia de toma de poder

Entrevista a Santiago Carrillo realizada por Pablo Iglesias en 2011

«Créanme si les digo que siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo. Frente a Santiago descubrí que estaba ante al secretario general que condenó irremediablemente a la mediocridad a todos los secretarios generales que llegaron después. Nadie estuvo a su nivel. (...) Nadie ejerció con tanta altura la dignidad de ser Secretario General. A pesar de todo, Santiago era uno de los nuestros. Hasta siempre». (Pablo Iglesias Turrión; El último secretario general, 2012)

Esta confesión serviría para evidenciar los vínculos ideológicos entre uno y otro. Y de paso sirve para avergonzar a todos los ex militantes del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótica (FRAP) que ahora ponen sus esperanzas en Podemos y adulan a Pablo Iglesias como el nuevo «mesías» de la revolución, cuando no es sino otro falso profeta. Pero los vínculos entre Iglesias y Carrillo son mucho más profundos que una mera admiración del primero por el segundo.

Si repasamos el histórico libro de Santiago Carrillo: «Eurocomunismo y estado», de 1977, veremos que en lo fundamental, pese a que ahora todos reniegan del renegado, el revisionismo hispano ha recogido sus tesis, o manejan unas similares sin saberlo. En el caso de Podemos, Pablo Iglesias es un conocedor de la historia del Partido Comunista de España (PCE), no solo la ha estudiado, sino que proviene de sus juventudes, y ha podido entrevistar a su ídolo Carrillo, por tanto, es un «eurocomunista» o «carrillista» consciente, aunque como hemos advertido, Podemos y Pablo Iglesias, beben de muchas corrientes, siendo el eclecticismo su bandera.

jueves, 8 de agosto de 2019

¿Contra la casta o aliados de la casta?; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Es necesario recuperar la memoria para reparar en la liquidez de los planteamientos políticos y en la fragilidad de los postulados ideológicos. En 'Una nueva transición' (editorial Akal 2015), un libro firmado por Pablo Iglesias, subtitulado 'materiales del año del cambio', el líder morado expresaba la siguiente opinión: 

«Un Podemos con la fuerza suficiente para exigirle al PSOE dos ministerios importantes y entrar en el Gobierno podría ser algo que nos diera experiencia de gobierno, pero nos destruiría electoralmente. Igual que para el PSOE entrar en un Gobierno con nosotros sería terrible. Y votar a favor de ellos en una investidura nos haría muchísimo daño…nos obligaría a lo que proyectaba el diario 'El País'… sois un sustituto muy digno de IU, más listos, con más 'swing', mejor estilo, por eso con mejores resultados, pero sois una tercera fuerza política que se ubica en lo que son las terceras fuerzas políticas progresistas en Europa». (Pablo Iglesias; Una nueva transición, 2015)

Las anteriores frases se recogen en la página 115 del texto recopilatorio antes citado. Otras muchas opiniones provocarían estupor observando lo que cuatro años después de aquellas estimaciones ha ocurrido con el discurso político de Pablo Iglesias. El secretario general de Unidas Podemos ha fracasado, sin paliativos, en su gestión como dirigente de la organización. Por esa razón, en julio de 2019 pretende una vicepresidencia en el Gobierno de Sánchez, ministerios para dirigentes de su partido a cambio investir presidente del Ejecutivo al secretario general del PSOE. Iglesias no ha logrado el sorpaso al PSOE, no ha «asaltado los cielos», tampoco es «una tercera fuerza política progresista» sino cuarta en el Congreso de los Diputados y lo que es aún mucho peor: Iglesias y Montero han privatizado su partido. Para poder sostener sus liderazgos mantienen una estrategia radicalmente opuesta a la que diseñaba el zamorano en 2015. La comparación entre aquellas palabras y estos comportamientos resulta escandalosa». (El Confidencial; El Iglesias anterior: «Gobernar con el PSOE nos destruiría», 28 de junio de 2019)

Esta cita es sobradamente ejemplificativa sobre la evolución de Podemos respecto al PSOE, pero cualquiera que haya seguido la trayectoria de Pablo Iglesias sabrá que esto no debe de pillarnos por sorpresa. En 2013 reconocía que para él el PSOE no era su adversario político:

«En este momento traducir un discurso nos permitirían competir con nuestros verdaderos adversarios políticos, que no es el PSOE
». (Pablo Iglesias; Discurso en la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista en Segovia, 2013)

Poco después, con Podemos ya formado en 2014, Pablo Iglesias aprovechó la enorme caída de popularidad del PSOE para aparentar ir contra él durante un tiempo. 

De hecho, todo el mundo sabe Podemos irrumpió en el panorama político español con unos eslóganes muy claros. Entre ellos señalaban abiertamente al bipartidismo de los partidos tradicionales del PP-PSOE, a los cuales calificaba de ser una casta política institucionalizada, culpable de los males socio-políticos de los últimos años como el desempleo, la precariedad o la corrupción endémica. 

«Está claro a qué intereses sirven gobiernos como el del PSOE o el del PP, que nos llevan al desastre. (...) Lo que está claro es que la casta política dominante, que por desgracia no son carteros de los ciudadanos, que es lo que deberían ser y no mayordomos de los bancos, forman parte del problema. (...) En nuestro país PP y PSOE cambiaron la Constitución y han votado juntos el 70% de las mociones en el Parlamento Europeo. (...) Nosotros decimos que la democracia es poder elegir otra cosa, porque nuestra casta ha demostrado que, más allá de que sean unos corruptos, además son inútiles». (Pablo Iglesias Turrión; Declaraciones a la Agencia EFE, 18 de mayo de 2014)


Aquí como vemos Podemos señalaba a estos partidos como fieles sirvientes de los intereses económicos de la oligarquía.

sábado, 6 de julio de 2019

¿Históricamente los reformistas no han contraído alianzas y han comprado el guion propagandístico de los grupos terroristas y viceversa?


«Es más, ¿históricamente los reformistas o su ala más a la «izquierda» no han contraído alianzas, tesis y han comprado parte del guión propagandístico de los grupos los terroristas y viceversa? ¿No han hecho esto siempre mutuamente para pescar entre un público ecléctico e inmaduro? ¿No hacían esto para hacer un frente común contra los verdaderos revolucionarios que no plantean ni lo uno ni lo otro? Ejemplos los hay a patadas señores.

No hace mucho, antes de adaptarse al «guión constitucional» y a la poltrona parlamentaria, los actuales líderes trotskistas de tipo reformista de Podemos cuando eran más «contestatarios» y «camaradas» de Hasél y sus ideas filoterroristas, Monedero o Iglesías podían ser vistos a menudo siguiendo los argumentos de la izquierda abertzale: justificando o relativizando la actividad terrorista de ETA, así como el de las demás bandas y figuras históricas del terrorismo. Para ello se utilizaban los sofismas de siempre como que el nivel de represión en Euskadi justificaba la violencia [terrorista] de ETA:

«Juan Carlos Monedero: Cuando uno piensa que en el País Vasco la represión ha tenido un espacio muy alto, uno puede a lo mejor empezar a entender la violencia de ETA». (Fort Apache; ETA: Cuando las pistolas hablaban de política, 2013)

O anunciando que lo que ETA perdía dejando la «guerra armada» no lo podría ganar sus sucesores en la actividad parlamentaria:

«Pablo Iglesias: Hay otra forma de entender la política entenderla como boxeo. Entender que la paz no es más que el resultado de una guerra. Así lo entendieron en ETA la política, e hicieron una guerra que apenas ha terminado. (...) Hoy cabría preguntarse si lo que ha perdido ETA EN su guerra contra el Estado lo podrá recuperar la izquierda abertzale ganando elecciones y poder institucional. Hay quienes pensamos que lo que se pierde en los campos de batalla no se gana en los parlamentos». (Fort Apache; ETA: Cuando las pistolas hablaban de política, 2013)

Estos argumentos siguen siendo utilizados por la izquierda abertzale simpatizante con ETA para justificar sus atentados, inclusive los dirigidos hacia objetivos civiles como Hipercor en 1987 como vimos en declaraciones de Hasél y otros especímenes que no han cejado en reproducir la propaganda filoetarra.

Por aquellos años Hasél y otros ensalzaban sus figuras, pintaban a sus programas y artículos de «medios alternativos» contra el sistema, estos artistas escribían canciones para ellos y lo promocionaban, porque dichos intelectuales eran considerados «aliados tácticos de la causa». En realidad de contracultural los Iglesias, Monedero o Errejón no tenía más que el ser el clásico posmodernismo con barniz radical de universidad que deslumbra a adolescentes como Hasél, una corriente y postura que como sabemos de contracultural tiene poco. 

miércoles, 22 de mayo de 2019

Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


[Post publicado originalmente en 2019 y reeditado en 2023]

«En lo que va de año hemos asistido a toda una serie de opiniones que subrayan la aparición de un discurso antiguo caracterizado por la inquina xenófoba, el chovinismo nacional y el talante antidemocrático, es decir, el ascenso de discursos con tonos que recuerdan en demasía al fascismo. En lo concreto estamos refiriéndonos a la entrada del partido Vox en el panorama político, teniendo como cenit su entrada en el gobierno de Andalucía y  en el «Congreso de los Diputados». Vox parece haber recogido el sentir de grupos antes dispersos y de baja incidencia, como Hoga Social Madrid, escisiones del PP y otras agrupaciones, conocidas en los medios de comunicación durante estos últimos años por su nostalfia hacia los regímenes fascistas. El siguiente documento tendrá como fin analizar qué es Vox, más allá de defensores o detractores.

En el mismo sentido, también hemos de abordar el popularizado temor y creencia que auguraba que dicha formación, Vox, quedaría por delante de partidos tradicionales en las elecciones del 28 de abril de 2019, cosa que finalmente no ha sucedido.

Por último, tendremos que volver a cuestiones ya comentadas aunque sea de pasada: nos referimos al carácter del fascismo o los errores históricos que han cometido los movimientos antifascistas, cuestiones que han sido expuestas en demasía en este medio. De todos modos, siempre que sea preciso, dejaremos los enlaces para que el lector que lo desee pueda profundizar.

Sin más dilación, comencemos.

I
Un análisis de los resultados electorales del 28 de abril de 2019

Para ponernos en situación, debemos de atender al hecho que las elecciones del 28 de abril de 2019 fueron convocadas a causa de la incapacidad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Pedro Sánchez para sacar adelante los presupuestos del año próximo; algo bastante predecible si consideramos que se encontraba gobernando en minoría, y que le arrebató el gobierno al Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy mediante una «vía no electoral» pero totalmente constitucional que exigió la colaboración de varios grupos políticos con diferencias programáticas pronunciadas. Esto arrojaba una evidencia clara, la unidad de esas fuerzas políticas contrapuestas solo fue circunstancial y a propósito de la aplicación de la «Moción de Censura» a Rajoy, una vez alcanzado no había nada que pudiera mantenerlas en un propósito común.

Lo primero que hay que observar en las recientes elecciones es la participación: 75,75%, un 9,3% mayor que en las elecciones de 2016. Estas cifras tumban las fantasías de anarquistas y todo tipo de bakuninistas disfrazados de marxistas sobre la llamada «revolucionarización de las masas» y la presunta «pérdida de ilusiones sobre el parlamentarismo» con que adornan su propaganda. Y es que si algo han demostrado estas elecciones es la vitalidad del sistema capitalista y sus representantes, que se sostienen a pesar de los sonados casos de corrupción e incumplimiento de sus promesas electorales. Además se observa la debilidad manifiesta de la clase obrera y sus organizaciones, ya que no hay ninguna organización ya no marxista sino revolucionaria, que haya logrado representación. Esto será analizado más adelante, pero que no debemos perder de vista: el proletariado no tiene idenpendencia y representación política.

A grandes rasgos, los resultados en las elecciones son los siguientes.

El gran triunfo del PSOE

El sorprendente resultado del PSOE con 28,68% y 123 escaños, lo cual supone un amplio ascenso. Esto difícilmente es explicable si tenemos en cuenta que Pedro Sánchez no ha cumplido prácticamente ninguna de sus promesas que esgrimía poco antes de solicitar la «Moción de Censura» contra la Presidencia de Mario Rajoy. Que en estos meses haya logrado ampliar los apoyos pese a incumplir su programa puede explicarse, en gran medida, por el miedo que ha causado la irrupción de Vox en el gobierno andaluz y sus primeras medidas reaccionarias tomadas desde una posición de poder. Ha habido, pues, un efecto rebote por el «ascenso del fascismo» de Vox que ha hecho movilizar al electorado que generalmente se encuentra en el espectro ideológico a la izquierda del PP, C’s y Vox. 

viernes, 18 de enero de 2019

Las propuestas del errejonismo desde 2017


«La corriente errejonista: ha sido desde el principio la corriente más moderada en cuanto a planteamientos políticos, la más flexible en materia de programa y votantes, y la más «heterodoxa» comparada con el resto de fracciones. A sus inicios pudo pasar como casi inadvertida porque los pablistas concordaban con casi todas sus propuestas, de hecho, el Iº Congreso de Podemos de 2015, los medios registraban el triunfo de las tesis de Iñigo Errejon:

Errejón fue de aquellos  que empezaron con el autonomismo –variante del anarquismo–, el trotskismo, el movimiento antiglobalización y los enamorados con el «socialismo del siglo XXI» de Evo Morales, Hugo Chávez e incluso el neoperonismo de Cristina Kirchner, y de la «centrabilidad del tablero» de Ernesto Laclau, desde su entrada a Podemos demostró que aspiraba a hacer un Podemos que no solo sujetase cien banderas sino mil banderas ideológicas. Hizo suyo el mensaje de «ganar transversalidad» con el objetivo de intentar que Podemos se abriese a todo tipo de votantes de todas las capas de la población, de ahí su lema «una máquina de guerra electoral».

Sobre el futuro de la organización se presenta un modelo de partido que siendo sinceros con la historia mantiene la esencia de la primera época de Podemos de no posicionarse a la izquierda del tablero, sino «superar la idea de izquierda-derecha», de no ser un partido de polémicas y ruidoso, sino silencioso y ambicioso electoralmente:

«No necesitan «domesticarnos», les basta con arrinconarnos y dejarnos una cómoda y folclórica existencia en la esquina izquierda del tablero, fuera e impotente ante su reconstrucción del sistema político. (...) Podemos no puede «cavar trincheras, protagonizar protestas y endurecerse» para tratar de resistir hasta que haya elecciones. Eso es lo que quieren el PP y el PSOE, a quien «nada ha asustado menos» que «las minorías ruidosas», la «izquierda folclórica e impotente». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Mantienen que la coalición electoral con IU no es positiva, que viendo los resultados electorales se demuestra que:

«La confluencia con IU no pareció funcionar». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Y ante la posibilidad de la fusión orgánica con IU creen que deben evitarse a toda costa:

«Podemos tiene que mantenerse como organización autónoma e independiente. Estas tareas son moradas y nadie las va a hacer por nosotros». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Porque sería sellar su muerte política al encasillarse, pues ven la perspectiva de alianzas con otras organizaciones aunque no se autodenominen como tal:

«Nuestro objetivo es más ambicioso que la unidad de la izquierda, es la unidad popular y ciudadana en la que cabe la izquierda tradicional, pero va mucho más allá». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Sobre la postura respecto al PSOE se dice que deben acercarse a él no confrontarlo, y olvidar su pasado –pese a estar lleno de traiciones–, alude que esta postura es más bien del sector de IU o de los pablistas –de herencia de los eurocomunistas y anguitistas–:

«Abordar la relación con el PSOE de manera inteligente y laica ha sido siempre mucho más productivo para Podemos que la negación obsesiva y choque frontal. Esta posición se ha caracterizado por confrontar con el PSOE en los momentos y por las cuestiones menos oportunas, y ha dado alas a los sectores más inmovilistas para atrincherar a su gente frente al cambio político. No es una cuestión ideológica, es una cuestión de habilidad política. La relación de Podemos con el PSOE debe ser hábil, pues no puede desconocer su importancia histórica pero tampoco tomar decisiones en base a su existencia. No puede obviarlo pero tampoco subalternizarse de forma sistemática por definirse en relación a el. La obsesión con el Partido Socialista tiene más que ver con las deudas pendientes de una parte de la izquierda de nuestro país que con las pretensiones y aspiraciones que Podemos debe tener en esta nueva etapa. A Podemos no le toca elegir entre dilemas del pasado, no tiene que decidir entre ser el PCE o ser el PSOE: Podemos nació con una hipótesis que pateaba esos dilemas, a pesar de que desde el 20D las decisiones le hayan hecho escorarse en mayor medida hacia una de esas dos opciones. Si algo nos enseñó el 15-M, es la importancia de librar la batalla contra los privilegiados en un terreno nuevo». (Desplegar las velas: un Podemos para gobernar, 2017)

Las caras más representativas del sector actual del errejonismo –que puede que con su derrota sigan los cambios de bando– son:

Pero también contamos con Rita Maestre: ex reportera del programa televisivo de Pablo Iglesias «La Tuerka» y representante de a conduce el actual y decadente feminismo burgués. También cuentan con Tania Sánchez: otra ex de Izquierda Unida y antigua pareja sentimental de Pablo Iglesias. Por otro lado tenemos a Luis Alegre, fundador de Podemos, primero de la corriente anticapitalista, luego pablista y ahora se le presenta como cercano a Errejón o más bien pablista pero enemigo de los pablistas, pues ha calificado a los pablistas bajo acusaciones de arribistas y conspiradores, advirtiendo a Pablo Iglesias de ello:

«Puede decirse que esto es lo que está pasando en Podemos. El actual equipo de Pablo Iglesias –que no conserva ya ni a una sola de las personas que le hemos acompañado desde el principio– entró en Podemos con un objetivo que sólo podía conducir a la destrucción del proyecto. Entraron tarde y entraron mal, con la intención de excluir a todos los que no formaran parte de su pandilla. No son más de 4 ó 5 personas, pero suficientes para dar al traste con todo. (...) No voy a negar que, desde mucho antes de que entraran en Podemos Rafa Mayoral, Irene Montero o Juanma del Olmo, ha habido comportamientos desleales contra Pablo. (...) Ahora, ya hay un partido –en guerra, pero un partido–, con sus inercias internas y sus dinámicas institucionales. (...) No querría reprocharme nunca haber estado callado mientras veía cómo un grupo de conspiradores estaba a punto de tomar el control de Podemos. Creo que esto es algo que va a ocurrir casi con seguridad, porque van a lograr parasitar a Pablo hasta destruir al organismo. Estoy seguro de que Pablo se dará cuenta un año o dos después de que le hayan matado los suyos, pero ya será tarde. No creo que este artículo cambie nada. Pero si las tareas imposibles nos paralizaran, no habría llegado nunca el día de montar Podemos. Y eso no va en el carácter de quienes comenzamos esta historia». (Luis Alegre; ¿Qué está pasando en Podemos?, 2 de febrero de 2017)

jueves, 17 de mayo de 2018

El peligro de las modas y el arte revisionista; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Juan Carlos Monedero y Pablo Hasél

«La juventud no debe seguir a los viejos y nuevos aventureros, ni a los oportunistas de buenas palabras, ni dejarse seducir por las modas decadentes, sino que debe formarse ideológicamente, templarse en la lucha y preparar la revolución.

Junto con el fenómeno del 15M y la irrupción del reformismo de Podemos, desde hace unos años con el crecimiento de lugares de Internet como Youtube, han proliferado diferentes adolescentes, y no tan adolescentes, que se hicieron famosos entre el público juvenil por sus consignas musicales aparentemente «comunistas», «revolucionarias», etc. Todo esto ha sido posible porque estos nuevos referentes han recogido con gusto la bandera de los viejos y nuevos partidos revisionistas. Algunos son más radicales que otros, se contraponen los unos a los otros, pero coinciden en gran infinidad de cosas y cumplen el mismo rol desorientador en lo ideológico y en lo organizativo, sobre todo proviniendo de esta capa de artistas, donde los niveles de pose y formalismos con la causa revolucionaria, llega a cotas insospechadas, creyendo la gran mayoría que ser un gran revolucionario es sinónimo de abundante simbología y repetir eslóganes, incluso que la revolución se prepara a base de repetir estas fórmulas estereotipadas en su música, en vez de trabajar por desbrozar los mitos que han aceptado. 

Entre todo este tinglado, querríamos destacar que tenemos varios casos de diferentes grupos musicales de ideologías entremezcladas, pero todas ellas pseudomarxistas:

a) Los Chikos del Maíz. Un grupo de rap que lo mismo declaran su simpatía en sus canciones a los GRAPO, RAF, ETA, que rinden pleitesía a Izquierda Unida, Podemos, Syriza, Cuba, Venezuela y a casi cualquier cosa. Lo gracioso es que mientras dicen ser comunistas difunden el clásico cliché del rap de un modo de vida gansteril, repleto de constantes referencias que indican un enorgullecimiento por tener mucho dinero y ser presuntamente personajes afamados, vestir ropa cara y consumir drogas cual empresario exitoso ávido de disfrutar su magnanimidad.

b) Los Monstruitos. Que musicalmente son un atentado sonoro, desde luego no destacan por la profesionalización y la técnica a la hora de tocar sus instrumentos, siendo más una mezcla de ruido y gritos primitivos que otra cosa. En sus letras lo mismo reivindican a Guevara, a Kim Il Sung, a Mao Zedong que a Enver Hoxha y usan abundantes letras con insultos y bromas antitrotskistas sin tener noción real de que es el trotskismo, lo que es una muestra de ese falso antitrotskismo tan común, en resumen son inherentes a defender un eclecticismo ciertamente atroz.

c) IRA. Un grupo de música de feministas pequeño burguesas, mezclan rap con reggaetón y música electrónica. Se declaran «feministas y antifascistas». A falta de calidad en sus letras buscan llamar la atención por su radicalidad, por sus groserías y lenguaje explícito, siendo una especie de variante del naturalismo. Portan una estética punk, choni, gansteril, skinhead, llenas de tatuajes y piercings a mansalva, peinados estrambóticos, tacones imposibles y todo tipo de parafernalia. En sus videos salen de botellón y fumando, en paños menores, besándose y haciendo «twerking» –restregándose entre sí–, con una stripper en una barra americana y en general todo un ambiente que presenta una imagen hipersexualizada y promiscua de la mujer, como curiosidad, cuando cantan intentan poner una voz ronca para aparentar dureza –o es consecuencia de las drogas, no sabemos–. Su único disco se llama «Arte y terrorismo», lo que indican que más que comunistas son una variante anarquista del chonismo. Desde luego su rap es una música de la que figuras como Ulrike Meinhof o Simone de Beauvoir estarían orgullosas, pero que produce risa y vergüenza a comunistas y cualquier persona progresista. En pocas palabras: una estética, una forma de hablar y de pensar lumperizado. ¡Y es normal, porque Pablo Hasél y Roberto Vaquero son tendencia entre el mundillo revisionista!

d) También nos encontramos con el caso de Pablo Hasél. El rapero catalán al que ya hemos nombrado durante el documento por sus innumerables quijotadas. Su marca de presentación es haberse convertido en el trovador oficial de la ridícula corte del desaparecido reino del PCE (r)/GRAPO. Pero también sus letras le hacen famoso por defender a otras marcas como el revisionismo cubano –«Un ejemplo para siempre»– o la RAF –«El nieto de Andreas Baader»– algo en lo que todos estos grupos coinciden sin discusión. Lo cierto es que no hay mucho que diferencie a Hasél de los anteriores grupos ideológicamente, salvo porque con Pablo Iglesias pasó de la amistad al odio. ¿De dónde nace esta mezcolanza extraña de apoyar desde el castrismo o al juche hasta las bandas terroristas como ETA o la RAF? Simplemente de un eclecticismo extremo, cultivado a la sombra de la falta de claridad ideológica que produce leer al PCE (r), que lejos de aclarar enturbia la mente respecto a lo que es y no es comunismo. Esto no ha dejado de tener una influencia directa entre el necio Hasél por ejemplo, y éste a su vez ha influenciado a otros raperos, adolescentes y no tan adolescentes, como Valtonyc o Siker [*].

***

¿Significa que el rap es un género musical para el lumpemproletariado como algunos han dicho en multitud de ocasiones? Ni mucho menos. El rap como tal musicalmente es lo suficientemente dinámico como para no pecar de formalismo, y en la letra de sus autores generalmente hay compromiso social e incluso político. Las evidentes tendencias hacia el uso meramente comercial del género, hacia la glorificación de las actitudes gansteriles, o el llenar sus letras de apología al revisionismo, son solo la consecuencia del mal enfoque que dan algunos elementos a un género musical que puede ser totalmente válido para el proletariado y su causa.

El rap, como cualquier otro género de música, ha sido hegemonizado y utilizado por el capitalismo –pues la cultura la controla el sistema económico-político existente–. Eso es cierto, pero eso no significa que sea un género de música inservible para el proletariado y las clases trabajadoras, ni que haya existido corrientes que se resistan a esa dominación: recordemos que en el capitalismo existe por un lado la cultura dominante y sus variantes, y por otro la contracultura popular de los intelectuales al servicio del pueblo o que al menos eso pretenden –aunque mucha de esa cultura no se pueda consolidar sin la toma del poder, y su desarrollo se quede a medio camino–.